Desde el Corazón de la Hembra Maga

 

Yo llevé dentro un faro que marcaba la ruta.

Soy una guerrera desconocida.

Yo soy tierra, agua, fuego y roca, semilla que se convierte en flor.

Yo tengo dentro un manantial de vida, alimento y escuela,

Yo soy maga, me transformo en animal, medicina, calor y juguete.

Yo soy sabia, pues mi instinto puede más que mil lecturas.

Yo soy, en cada una de mis criaturas, hasta el último de mis días.

Yo soy poderosa, pues traigo la savia que hace funcionar el mundo.

Yo soy joven, vieja y niña, soy todas las mujeres que fueron antes de mí.

Yo sé que mi cuerpo no soy yo, mi hogar está en un lugar invisible a los ojos,

y luzco orgullosa las cicatrices de mi mapa vital.

Yo sé que la vida me espera, pues estoy inventándome una vida.

Yo soy imperfecta, soy superlativa, soy real.

Yo soy más que madre,

Soy, una hembra maga.


Extraído del Disco Libro En el Corazón de la Hembra Maga. Abierta la campaña de Verkami Conoce más sobre el proyecto Hembra Maga

Agradecer a todas las familias que se brindaron a colaborar con nosotros aquellas mañanas de mayo en el Matadero de Madrid. La presencia con la que sostuvieron los carteles fue un regalo, ellas para Yo soy #hembramaga, ellos para  Gracias #hembramaga. Gracias a todos ellos, por pararse un momento y conectar. Esperamos que os llegue

Ilustración  Claudia Tremblay

 

 

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Criar sin prisa

Hay días en que la crianza se pone difícil, me atrevería decir que casi a diario tenemos un momento de contar  hasta que se pierde la cuenta… el primer indicador es que mis músculos se tensan y mi voz sale de algún lugar más cercano a la mente que a  mi cuerpo… cuando mi tono cambia sé que me estoy saliendo del presente, que me empiezo a exasperar. He dejado entonces de estar donde estoy, y me he ido lejos, adelante, a lo siguiente, a mañana, a la semana pasada, o vete tú a saber.

Quizá tengas en mente esos momentos temibles de prerrabieta, o la reacción ante una tremenda trastada o peligro inminente…pero no me refiero a eso.
Hoy quiero hablaros sobre el ritmo de los niños muy pequeñitos, ese ritmo lento y de acciones muy concentradas tan alejado del ritmo que tenemos los adultos para hacer cosas tan importantes como vestirnos, desayunar, prepararnos para empezar nuestro día…
Y es que ellos viven ajenos a esa máquina tan presente que marca nuestras acciones, el reloj, ese artefacto que tanto nos aleja paradojicamente de eso,  el tiempo presente.

Cuando como padres sentimos que nos llegan esas sensaciones tan claras de tensión al cuerpo, muchas veces me recuerdo, nos recuerdo, algo tan simple como que ellos no saben qué eso del tiempo, no les importa cuál es el siguiente paso, tampoco tengo muy claro que necesiten saberlo, porque ellos viven en un un tiempo que nosotros hemos olvidado, y en el que no cabe nada más. Vivir en el presente supone no preguntarse qué viene luego, y como madre sé que solo puedo ir antipándole a lo que viene después, con una rutina muy clara, muy constante, creando canciones para cada acción, dándole un principio y  un final a todo lo que hacemos… pues están muy concentrados en el tacto, en la sensación, en su deseo, en los nuevos retos y sería maravilloso no arrebatarles ese contacto ¿no?

Quizá  no te hayas parado a preguntarte porqué es tan importante todo esto, para ello te propongo, me propongo siempre ponerme en su lugar:

Imagina que te despiertas por la mañana, tú no sabes muy bien qué hora es ni te importa, si ni siquiera conoces el calendario, los días de la semana, los números son palabras con las que jugamos y cantamos canciones pero no sabes qué relación tienen con el tiempo o el reloj. Tras unos arrumacos mañaneros, te preguntas si es de noche, porque aún no hay sol, mientras te cogen en brazos a pesar de que tú puedes caminar por ti mismo, y desplazarte por la casa. Quizá te gustaría moverte más despacio y explorar un poco ese bote tan bonito que ha quedado a tu alcance en el lavabo, pero papá o mamá tienen otros planes para tí, y sólo sabes que te apremian y te dicen vamos cariño, que tenemos que vestirnos; hasta donde puedes sentirte ya estás vestido, calentito con tu pijama y el olor de mañana y camita, pero de nuevo te cogen en brazos y te suben al cambiador, y te visten como un muñeco; hace tiempo que descubriste los botones, no sabes para qué son, pero sí has descubierto que te gusta como suenan cuando se quitan, y se ha convertido en un juego más el tratar de volverlos a juntar, para eso mamá te ayuda, pero a ti te encanta separarlos, y cuando lo vuelves a hacer mamá te dice que no, y habla un poco más alto, y de pronto se mueve más rápido, y sus brazos están un poco más duros, dice que no hay tiempo…. de nuevo esa palabra extraña, ya van varios noes… y te ha vestido sin preguntar, a lo mejor se te ocurrió decir que esa camiseta no quieres, y papá te ofrece otra, pero ¿cómo vas a elegir esa sin ver las demás?! Te encantaría perderte en el cajón y explorar los dibujos de todas y cada una de ellas, pero no hay tiempo… bueno, vale, encontramos una alternativa que nos gusta a los dos, vamos a desayunar. De la cocina llega un rico olor a tostada, y tu sitio ya está puesto donde siempre, y te dan a elegir, tomate o cacahuete, pues quiero cacahuete, no tomate y cacahuete también… vale, todo, pero oh! me lo están poniendo y yo quiero la mantequilla de cacahuete a pellizquitos, y el pan en trocitos, hacerme mi tostada, y untar el pan con los dedos, y no con el cuchillo, pero no me dejan, porque dice mamá que me mancho, y me limpia las manos, ¡pero yo puedo hacerlo! ¿por qué lo hace  por mí? pues ya no quiero, y como no sé decirlo con palabras lo tiro al suelo.

¿Os resulta familiar? En casa nunca ha cabido la expresión se porta mal o se porta bien. Nunca, esa es una etiqueta de adultos “juzgadores”, siempre fuimos más de mirarla y preguntarle qué necesita, observarla, y cuando no entendemos nada nos preguntamos qué nos pasa a nosotros, recordando que los pequeños se impregnan como esponjas de la energía que se respira en un ambiente. Y este contexto que os contamos hoy, cuánta más prisa nos entra a nosotros, más despacio necesita ir ella, y nos polarizamos, y de pronto, no sabemos cómo pero se hace muy evidente que su ritmo se ha vuelto más y más lento, y más tiempo necesitaría ella para realizar cada acción. Y tiene su derecho, igual que yo tengo derecho a vivir sin la ansiedad de la prisa, o el riesgo de verme intentando complacer a una “pequeña dictadora”. De nuevo esa es un etiqueta adulta, el límite se lo pongo yo, ella sólo va a explorar dónde queda ese marco.

Quizá no consista en darles opción a tomar todas y cada una de las decisiones, obviamente dependerá de su edad y la autonomía alcanzada por cada niño para la que no creo que haya una tabla de objetivos a conseguir, pero sí que debería haber un término medio entre sus necesidades, y sobre todo entre  sus tiempos, y los nuestros. Y lo único que se me ocurre hasta ahora es movernos sin prisa, es criarla un poco más despacio, pues siempre será mas coherente y sobretodo respetuoso para todos, que los padres nos adaptemos al ritmo del niño, en lugar de pedirles que se acerquen a nuestros tiempos, o manejarlos como muñecos sin poder de decisión o voluntad.

Por eso después de una mañana de surfear la rabieta de nuestra hija, y de haber suspirado bien hondo varias veces, y de haber sentido el alivio de verla partir a la escuela y poder empezar mi jornada, decido pararme un ratito y reflexionar sobre qué le pasa a ella, o mejor, qué me pasa a mí con el tiempo, con la puntualidad, con el levantarme más temprano y qué puedo hacer yo para adecuarme más a sus necesidades, en lugar de hacerle entender las mías, tan complejas, tan alejadas del presente, del disfrute, quizá hasta de mi propio deseo. Si hay algo que me muerde a la hora de criar es el tiempo.

Y me acordé de Alicia persiguiendo confusa a un conejo malhumorado arrastrando un enorme reloj, y entonces entendí quién era el verdadero dictador de esta anécdota cotidiana.

 

Y vosotros, ¿cómo vivis estas situaciones en casa con la gestión de las prisas y el tiempo apremiando? Cuéntanos tu experiencia en un comentario.

Imagen El conejo blanco de Alicia en el País de las Maravillas, Disney

Querido verano eterno

Querido verano, te me has escapado de las manos,

sí, aunque había días que deseaba impaciente “la vuelta al cole”, sentarme en mi mesa y empezar a volar proyectos… mientras lidiaba con siestas imposibles a 40 grados, mientras se lanzaba sin miedo al agua sin saber nadar… te hacías eterno mientras corría tras sus necesidades y su autonomía, mientras me salían más arrugas de puro estrés.
Hoy la veo con dos números más de pie adaptarse a su nueva escuela, me tiembla el pulso mientras marco con un rotulador permanente todas y cada una de sus cositas, un nudo en la garganta porque tengo que soltarla y dejarla crecer…

querido verano eterno, de culo y calzón con mi hija, gracias por este tiempo lento e imparable, a veces se me olvida que la felicidad es estar únicamente, donde se está.

Y pasarlo con ella, es un regalo de la vida.

#verano #presente #crianza #vueltaalcole#eltiempovuela

Eco de su luz. Julián Bozzo Ft. María Rozalén.

La paternidad me arrojó mucha luz, mucha vida y esperanza. Si duda, hizo mella en mi sensibilidad, amplió mi mirada, mi tacto, mi forma de mirar, de abrirme al mundo y al amor.

De la mano de la amor vino el miedo, la pena, la tristeza… El dolor por la pérdida y la ausencia…

La paternidad es luz … y toda luz se completa en su sombra, toda luz proyecta una silueta en la oscuridad que necesité llenar de música, amor, dulzura y poesía.

Imaginaba a un bebe sin su papá o sin su mamá, sin sus abuelos, tíos o hermanos, me imaginé a una madre abrazando a su hijo recién nacido recordando a los seres queridos que ya fallecieron.

Quise darle luz a esa sombra, darle música a ese silencio, darle presencia a ese sentir. Quise crear una canción que acompañara ese momento, ese duelo por la ausencia.

Una canción-faro, una canción-remanso que ayudara a recordar con amor y dulzura a esas lucecitas que brillan en el cielo, dejarnos sentir por el eco que nos envuelve y así… llenarnos de su luz.

Cuando nace un bebé, nace la vida y también la muerte. Nace el amor y también el miedo.

Espero de corazón de que esta canción pueda acompañar a las personas que lo necesiten.

Dedicado a mi querida amiga Elena y su familia. Especialmente a la pequeña Lara. De alguna manera esta canción te la cantaba a ti.

En recuerdo de Gabriel El Vikingo.

Gracias Mary Rozalén por ser luz, por acompañarme en esta melodía y en este viaje tan hermoso.

 

Meditación para una madre sana

Ser madre para mí

En una sociedad obsesionada por la mejor crianza de los hijos, voy descubriendo la necesidad de engranar, lo que es mejor para mis hijos,  con lo que es necesario para ser una madre bien equilibrada.

Voy comprendiendo que ese dar incesante se traduce en una entrega total, y cuando una se entrega del todo a  sí misma, no es una madre sana ni un yo sano.

Así pues, estoy aprendiendo a ser primero mujer y luego madre; estoy aprendiendo a experimentar mis emociones, sin quitar a mis hijos la dignidad de sentir las suyas también;

estoy comprendiendo que un hijo sano tiene sus propias emociones y características que son sólo suyas; y muy diferentes a las mías;

estoy comprendiendo la importancia de la comunicación sincera de los sentimientos, porque la simulación no engaña a los hijos; ellos conocen a su madre mejor de lo que ella se conoce a ella  misma.

Estoy comprendiendo que nadie supera su pasado si no lo enfrenta; si la madre no lo hace, sus hijos asimilarán exactamente aquello que ella está intentando superar;

estoy comprendiendo que las palabras de sabiduría caen en oídos sordos si mis actos las contradicen; los hijos tienden más a imitar que a escuchar;

Estoy aprendiendo que en la vida ha de haber tanta tristeza y dolor como felicidad y placer, y que permitirnos sentir todo lo que nos ofrece la vida es una indicación plenitud y realización;

estoy comprendiendo que la realización no se consigue entregándose totalmente, sino dándose a una misma y dando a los demás.

Estoy aprendiendo que la mejor manera de enseñar a mis hijos a vivir una vida plena, no es sacrificando mi vida, sino viviendo yo una vida plena;

quiero enseñar a mis hijos que tengo mucho que aprender, porque estoy comprendiendo que soltarlos, es la mejor manera de retenerlos.

 


Meditación sobre la buena maternidad, Nancy McBrine Sheehan, Cuerpo de Mujer, Northrup, Christiane Dr. (Cap. 13 La Maternidad y el Vïnculo con el Bebé)

 

Ilustracion Claudia Temblay

La fuerza de la creación

“Creo que los niños llevan en el cuerpo la fuerza de la creación. Es fácil ver en ellos la impronta de la naturaleza. Algunos tienen en la mirada el color de la tierra fértil que sembraron nuestros abuelos… otros, el cielo azul de una tarde de verano o el verde del océano pacifico…Hay niños que llevan los rayos de sol en el cabello y otros que el viento se ha colado entre ellos y se puede sentir su brisa cuando pasan a nuestro lado… muchos niños tienen el canto de los pájaros en su risa…o el aleteo de las mariposas cuando bailan…conocí niños con la piel dorada como arena del Caribe, otros con el perfume del cacao en su piel o pintados con el más puro blanco de la nieve…niños huracanes que arrasan con toda nuestra estabilidad emocional, o verdaderos terremotos que nos movilizan hasta las entrañas con una sola lagrima…y es que los niños son la versión más real de que la perfección existe… quien vele por los niños, vela por el mundo entero.”

Maravillosas palabras de Paola Napolitano

Napolitano, Paola  (18 de noviembre de 2014) “Los Orígenes de la Creación”. Blog de La Luna y La Teta. Recuperado de http://lalunaylateta.blogspot.com.es/ 

Ilustración Claudia Tremblay

Sonrisa de mi vientre

 

Foto de Helen Carmina, una imagen que se hizo viral y que muestra la tierna y dura realidad del postparto de una cesárea. 

 

En mi trabajo con mujeres, aprendí, que la primera vez, todas llegamos con miedo al momento del parto.

Aprendí que parir es perder el control, la exigencia, y el juicio,

aprendí que dan igual nuestras expectativas, que cada niño elige cómo viene a nacer.

Aprendí que ese día se recuerda toda la vida.

En mi trabajo con mujeres aprendí que en esas horas, comienza un vínculo para siempre

Aprendí que recordar esos momentos, poniéndoles luz y mucho amor, ayuda a sanar la herida,

que abrazar a mi bebé, mi piel contra su piel, era la mejor medicina para empezar juntos un camino de salud y vida.

En mi trabajo con mujeres aprendí que ser madre deja un rastro, la mirada cansada y fortalecida lo delata, pero queda profundo, en el recuerdo de los músculos trenzados, en la memoria del periné…

Y en ese aprender, recuerdo mi piel partida, el orgullo de tantas madres cosidas… y comparto estos versos, a todas esas mujeres que lucen orgullosas, una sonrisa en su vientre.

 

Esa marquita que tengo en mi barriga

es la cicatriz más hermosa de mi alma.

Este surco muestra el paso de tu cuerpecito dulce,

muestra la belleza más pura venida de mi entraña.

Me abrí entera

me guardé nada

Un lacito de piel desnuda

se abrió,

y pude abrazarte fuerte,

y pude besarte,

y pude olerte.

En mi panza hay una sonrisa

que se llena de vida al verte,

una puertita preciosa

 una ventana celeste.

En mi panza hay un surquito

que me recordará por siempre

que llegaste envuelta en vida

por la sonrisa de mi vientre

Julián Bozzo


Extraído del Disco Libro En el Corazón de la Hembra Maga. Abierta la campaña de Verkami Colabora con Hembra Maga